Literatura

lunes, 2 de abril de 2012

Ex Oblivione; H.P. Lovecraft


Amo las obras de Lovecraft, son terror y locura en estado puro, a partir de este momento publicare sus siniestros poemas 


Ex Oblivione es un poema en prosa del escritor norteamericano Howard Phillip Lovecraft, escrito en 1920 y publicado en 1921.

Es una derivación de la lectura afiebrada de Schopenhauer. Las intenciones filosóficas del poema pretenden afirmar que la nada es preferible a la vida, y que el olvido es un bien tan deseable como inevitable.

Ex Oblivione significa algo así como Desde el Olvido.



Ex Oblivione.

Cuando me llegaron los últimos días, y las feas trivialidades de la vida me
hundieron en la locura como esas gotas de agua que el torturador deja
caer sin cesar sobre un punto del cuerpo de su víctima, dormir se
convirtió para mí en un refugio luminoso. En mis sueños encontré un
poco de la belleza que había buscado en vano durante la vida, y pude
vagar por viejos jardines y bosques encantados.

Una vez en que el viento era suave y fragante oí la llamada del sur, y
navegué interminable y lánguidamente bajo extrañas estrellas.

Otra vez en que caía mansa la lluvia navegué tierra adentro por un río sin
sol, hasta que llegué a un mundo de crepúsculo púrpura, emparrados
iridiscentes y rosas imperecederas.

Y otra anduve por un valle dorado que conducía a umbríos bosquecillos y
ruinas, y terminaba en un enorme muro verde con parras antiguas, y un
pequeño acceso con puerta de bronce.

Muchas veces recorrí ese valle; y cada vez me demoraba más en él, en una
media luz espectral donde los árboles gigantescos se retorcían
grotescamente, y el suelo gris se extendía húmedo de tronco a tronco,
dejando al descubierto sillares de templos enterrados. Y siempre la meta
de mis quimeras era el muro cubierto de vid y la puerta de bronce.

Algún tiempo después, a medida que los días vigiles se iban haciendo
menos soportables por monótonos y grises, vagué a menudo en hipnótica
paz por el valle y por los umbríos bosquecillos; y me preguntaba cómo
podría adoptar estos parajes como morada eterna, de manera que nunca
más tuviese que volver a un mundo insulso y falto de interés y de colores
nuevos. Y al mirar la pequeña puerta del muro poderoso, me di cuenta de
que al otro lado se extendía una región de ensueño de la que, una vez que
se entrara, no habría regreso.

Así que por las noches, en sueños, trataba de encontrar el cerrojo de la
cancela del templo cubierto de hiedra, aunque estaba muy oculto. Y me
decía que el reino del otro lado del muro no sólo era más duradero, sino
también más hermoso y radiante.

Más tarde, una noche, descubrí en la ciudad onírica de Zakarion un
papiro amarillento repleto de pensamientos de los sabios que habitaban
desde antiguo esa ciudad, y eran demasiado sabios para haber nacido en
el mundo vigil. En él había escritas muchas cosas sobre el mundo de los
sueños, entre ellas el saber sobre un valle dorado y un bosquecillo sagrado
con templos, y un gran muro con una abertura cerrada por una pequeña
puerta de bronce. Cuando fui consciente de esto, comprendí que se refería
a los escenarios que había frecuentado; así que me enfrasqué en la lectura
del papiro amarillento.

Algunos de estos sabios soñados hablaban con deslumbramiento de las
maravillas del otro lado de la puerta sin retorno, si bien otros lo hacían
con horror y decepción. No sabía qué creer; aunque anhelaba cada vez
más entrar definitivamente en el país desconocido; porque la duda y el
misterio son el más irresistible de los señuelos, y ningún nuevo horror
puede ser más terrible que la tortura diaria de la vulgaridad. Así que
cuando supe de una droga que abría la cancela y permitía cruzar adentro,
decidí tomarla tan pronto despertase.

Anoche la tomé y, en su sueño, recorrí flotando el valle y los bosquecillos
umbríos; y al llegar esta vez al muro antiguo, vi que la pequeña puerta de
bronce estaba entornada. Del otro lado llegaba un resplandor que
iluminaba espectralmente los árboles gigantescos y seguí desplazándome
musicalmente, expectante de las glorias del país del que nunca volvería .

Pero en cuanto la puerta se abrió más, y el embrujo de la droga y el sueño
me empujaron por ella, supe que todas las glorias y visiones habían
terminado; porque en ese nuevo reino no había ni tierra ni mar, sino sólo
el blanco vacío del espacio ilimitado y desierto. Así, más dichoso de lo que
nunca había osado esperar, me disolví nuevamente en esa infinitud
original de olvido cristalino de la que el demonio Vida me había sacado
por una hora breve y desolada.

Howard Phillip Lovecraft (1890-1937)





























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