Literatura

domingo, 15 de abril de 2012

RICHARD CHASE "EL VAMPIRO DE SACRAMENTO"




Richard Trenton Chase nace el 23 de mayo de 1950 en Sacramento, California (Estados Unidos). un asesino diagnosticado esquizofrénico paranoide tras disparar, adagar, descuartizar, y beber la sangre de seis personas en 1977, ganándose el apodo de el Vampiro de Sacramento". Desde muy joven, Chase es conocido por su conducta psicótica con rasgos de apatía y con otros de agresividad. Esto sería debido en gran parte a unos traumas infantiles por las constantes peleas entre su padre alcohólico y su madre, y con su posterior divorcio.

A los 21 años, se va de casa para compartir piso con unos amigos. Allí, contínuamente drogado, empieza a obsesionarse con la idea de que una organización criminal trata de acabar con él, hasta tal punto que clava con tablas la puerta de su habitación, entrando y saliendo de ella por un pequeño agujero que había hecho en el fondo de un armario de pared. Poco tiempo después, se afeita la cabeza y acude asustado al médico alegando que su cráneo se está deformando poco a poco y los huesos le agujerean la piel. Al mismo tiempo dice sentir que se muere porque alguien le ha robado la arteria pulmonar, y nota que su sangre no puede circular.

Al poco tiempo cae enfermo, y los médicos tras percatarse de su obsesión por consumir sangre, lo internan de nuevo diagnosticándole una fuerte esquizofrenia paranoide además de conducta peligrosa. Un año después, de nuevo en la calle, descuartiza a numerosos perros, gatos y vacas para beber su sangre y vísceras mezcladas con Coca-Cola a modo de cóctel, estando convencido que a causa de la falta de sangre, su estómago se empieza a pudrir, su corazón disminuye de tamaño y que los distintos órganos se desplazan en su interior

Su padre intenta acercarse a él; pasa los fines de semana en su compañía, le compra regalos y se lo lleva de excursión. Pero es inútil: Chase está totalmente demente. No puede pensar en otra cosa más que en el ficticio deterioro de su cuerpo. También se obsesiona con los extraterrestres y habla constantemente sobre OVNIs. Cuando se encuentra a algún antiguo conocido, le dice que una agrupación nazi lo persigue desde que estaba en la secundaria. Richard Chase está convencido de que, a causa de la supuesta falta de sangre, su estómago se está pudriendo, su corazón disminuye de tamaño y sus órganos internos se desplazan en su interior. En su mente, se trata de una metamorfosis que lo transformará en un vampiro humano.

Para septiembre de ese mismo año, Chase discute con su madre. Incapaz de controlar su violencia, toma al gato de la casa y lo asesina. Días después, va a la perrera municipal; adquiere dos perros por $15.00 dólares y los asesina, bebiéndose su sangre. El 20 de octubre roba gasolina para su furgoneta, que está descuidada y llena de basura; cuando un policía lo descubre, Chase niega la acusación y convence al agente, que lo deja irse. Después responde a un anuncio en el periódico, va a una casa y compra dos perros labrador por el precio de uno. Los sacrifica también. Su colección de collares crece. Luego roba un perro que ve en la calle, y esta vez lo tortura antes de asesinarlo, beberse su sangre y comerse sus vísceras. Después se entera de que los dueños ofrecen recompensa; eufórico, los llama por teléfono y les cuenta cómo torturó y mató al animal.

El 7 de diciembre, Chase va a una armería y se compra otro revólver del calibre .22. Las desapariciones de mascotas continúan. Fascinado por los crímenes de los primos asesinos, Kenneth Bianchi y Angelo Buono, cometidos en Los Ángeles, guarda celosamente los recortes de prensa que los mencionan. Señala en los periódicos los anuncios puestos por personas que regalan gatos o venden perros. Su padre le regala en navidad un anorak amarillo, que ya no se quitará. Chase practica con su nueva pistola. Dispara contra el muro sin ventana de la casa de una familia apellidada Phares. Al otro día, dispara contra la ventana de una cocina, partiéndole el cabello a la señora Polenske, quien está inclinada y evade la muerte por milímetros.

Richard Chase decide que es hora de practicar sobre otros blancos. Tiene 28 años y una mente hecha pedazos. El 28 de diciembre toma su revólver, sale a la calle y le dispara a Ambrose Griffin, un desconocido a quien ve en la calle. Lo mata mientras el hombre regresa del supermercado con su esposa, disparándole desde su furgoneta. Griffin vive justo enfrente de la casa de los Phares, donde Chase efectuó su primer disparo. Chase comienza a coleccionar recortes de periódico sobre el crimen aparecidos en el Sacramento Bee. El 16 de enero, le prende fuego a un granero para alejar a unos adolescentes que habían puesto música a volumen alto.

Está enloquecido: necesita beber sangre y ya no queda satisfecho al conseguirla desangrando animales. Ha llegado a la conclusión de que es un vampiro, así que inicia una cacería humana. Richard Chase sigue vagando. Se mete a un jardín, el dueño sale y le reclama. El criminal alega que sólo está tomando un atajo, sigue su camino y entra al jardín de otra casa. Es la vivienda de una mujer llamada Terry Wallin, una joven de veintidós años con tres meses de embarazo, que se encuentra sacando la basura. Chase la obliga a entrar en la casa; una vez adentro, le arranca la sudadera, en pantalón y el sujetador, y después dispara dos veces sobre ella; aún viva, le abre el vientre para arrancarle los intestinos, y los esparce cuidadosamente por el suelo. 

La mujer no deja de proferir alaridos de dolor. Le mete un cuchillo en uno de los pechos y retuerce la hoja dentro de la herida; ella muere entre espantosos dolores. Luego le extirpa el hígado, el diafragma, un pulmón y los riñones, colocándolos encima de la cama. Chase golpea varias veces el cuerpo sin vida y después va por un vaso a la cocina. Se dedica a beber la sangre de la mujer, fresca y caliente. Mastica algunos trozos de vísceras y devora parte de los órganos internos; se pinta además el rostro con la sangre. Finalmente, como toque final a su obra, defeca sobre la boca y el vientre abierto del cadáver, y abandona la casa, satisfecho.

A las 18:30 horas, David Wallin, el esposo de Terry, regresa a su casa después de trabajar y se encuentra con la carnicería. Aterrado, llama a la policía. Nunca se ha visto un crimen igual en Sacramento. Los policías acuden al FBI y quien acude es el agente Robert K. Ressler, creador del concepto “asesino serial”, quien realiza un perfil del criminal, que es casi coincidente con las características de Richard Chase.

El cadáver de Terry Wallin
La policía busca al asesino, pero no consiguen encontrarlo. Cuatro días después, la sed se apodera nuevamente de Richard Chase, a quien los periódicos han bautizado ya como “El Vampiro de Sacramento”. Entra en una casa elegida al azar; una vez allí, se dedica a disparar contra los habitantes. Mata a Evelyn Miroth, de treinta y seis años; a su hijo Jason, de seis; y a un amigo de la familia llamado Daniel J. Meredith, de cincuenta y dos.

Chase lleva el cadáver de Evelyn Miroth a la recámara, donde la sodomiza. Luego le clava el cuchillo en el ano; después le vacía un ojo y se lo come. A continuación la eviscera y engulle parte de sus órganos internos y bebe su sangre en un vaso de cristal.

Lleva el cadáver del niño a la bañera; rompe y abre el cráneo del niño, y comienza a devorar el cerebro. El agua de la tina queda manchada de rojo y con trocitos de masa encefálica. Chase defeca en el agua. Alguien llama a la puerta de la casa y se asusta, así que decide marcharse. En la casa hay además un bebé de veintidós meses, Michael Ferreira, a quien Chase secuestra. Se roba la camioneta Ranchera de Daniel J. Meredith y escapa en ella. Abandona el vehículo a unas cuantas calles, con las llaves puestas; allí lo encuentra la policía.

Ya en su casa, Chase tortura al bebé un rato. Cuando se aburre, toma un cuchillo y, mientras el bebé sufre lo indecible, le corta la cabeza. Tarda un rato en lograr su cometido, pues la hoja está roma. Tras decapitar el cuerpo, bebe la sangre con fruición. Rompe el cráneo del bebé y devora el cerebro crudo.

La ex compañera de Richard Chase en la secundaria decide acudir a la policía; les cuenta lo ocurrido y les comunica sus sospechas de que él es a quien buscan. Los agentes encuentran sus datos enseguida. Chase vive a una manzana de distancia del lugar donde se encontró la camioneta abandonada. Varios policías se colocan alrededor de su domicilio; saben que posee un revólver y que está totalmente trastornado. Vigilan la casa en espera de que se asome. Chase aparece poco después. Corre hacia su furgoneta llevando una caja bajo el brazo. Los policías caen sobre él; Chase lucha con ellos. Durante el forcejeo, intenta sacar el revólver, pero se le cae al piso. Finalmente, los agentes logran reducirlo. En la caja lleva varios trapos ensangrentados y la cartera de Daniel Meredith está en el bolsillo trasero de su pantalón.

La casa de Chase es un sitio hediondo, lleno de basura, excremento y trozos de vísceras podridas. Hay sangre seca por todas partes, periódicos viejos, latas de cerveza vacías, cartones de leche, trapos sucios, un plato con restos de cerebro encima de la cama y recipientes con órganos humanos y animales. La policía encuentra un cuchillo de caza con una hoja de treinta centímetros, una caja de herramientas cerrada con llave y unas botas de caucho manchadas de sangre. También hallan su colección de collares de perro y gato, así como tres licuadoras que Chase usa para moler órganos y sangre.

Una de las licuadoras que Chase utilizaba
 El juicio se cambia de la ciudad de Sacramento a Palo Alto. Chase trata de justificar sus macabros crímenes diciendo que unas voces de seres extraterrestres y otras criaturas lo acosaban continuamente, obligándolo a matar. El juicio se inicia a principios de 1979 y el 6 de mayo de aquel año, Iris Yang, periodista del Sacramento Bee, describe a Chase:
“El acusado estaba totalmente apático. Sombrío, pelo marrón lacio, ojos apagados y hundidos, tez cetrina y delgadez extrema, no le sobra apenas carne en los huesos. Durante los últimos cuatro meses y medio, Richard Trenton Chase, a sólo unas semanas de su vigésimo noveno cumpleaños, ha estado sentado encorvado, jugando con los papeles que tiene delante de él o con la mirada vacía puesta en las luces fluorescentes de la sala”.

Sólo hay juicio porque la fiscalía se empeña en pedir la pena de muerte, basándose en una nueva ley estatal recientemente aprobada en California. La defensa quiere que Chase sea considerado mentalmente enfermo e incapaz de someterse a juicio, pero la fiscalía argumenta que Chase ha tenido suficiente “astucia y conocimiento” en el momento de los crímenes para ser considerado responsable de sus actos y tener que responder por ellos. Lo acusan de seis asesinatos en primer grado: Terry Wallin, las tres personas en casa de los Miroth, el bebé muerto y Ambrose Griffin. El jurado sólo delibera un par de horas y lo declara culpable de todos los asesinatos. El juez lo manda al Corredor de la Muerte de San Quintín a la espera de su ejecución en la silla eléctrica. Lo trasladan a Vacaville, donde está también preso Charles Manson.




Tras el juicio, Robet K. Ressler describe su encuentro con Richard Chase en su libro Asesinos en serie:
“Yo no estaba de acuerdo en absoluto con el veredicto ni con la orientación que se había dado al caso. Ocurrió en el mismo periodo en que el antiguo inspector del ayuntamiento de San Francisco, Dan White, asesinó al alcalde Moscone y al inspector Harvey Milk. White alegó que se había vuelto loco porque había consumido un tipo de comida basura, los Twinkies de Wonder, y su estrategia fue aceptada. Lo mandaron a una cárcel estatal sin pena de muerte. Richard Chase, en cambio, que tenía claramente una enfermedad mental y debería haber pasado el resto de su vida en un psiquiátrico, fue condenado a muerte. John Conway y yo visitamos a Chase en el Corredor de la Muerte de San Quintín en 1979. Conway era el enlace del FBI con las cárceles de California y era un tipo excepcionalmente afable, apuesto y sutil, que poseía el don de conseguir que los prisioneros hablaran con él."
continua la declaracion: “Visitar a Richard Chase fue una de las experiencias más extrañas que jamás tuve. Desde el momento en que entré en la cárcel hasta que me senté en el cuarto donde lo entrevistaríamos, pasé por toda una serie de puertas que se cerraban de golpe tras nosotros, una experiencia opresiva y aterradora. Había estado en muchas cárceles, pero ésa fue la más horripilante; me sentía como si estuviera atravesando un punto sin retorno. Conway estaba mucho más entero que yo. Subimos en varios ascensores y el último nos dejó en el Corredor de la muerte. Escuché ruidos extraños, gemidos y otros sonidos casi inhumanos provenientes de las celdas. Nos sentamos en un cuarto a esperar a Chase y lo oímos acercarse por el pasillo. Llevaba grilletes en las piernas y hacía un sonido metálico seco al andar, lo que me hizo pensar enseguida en el fantasma de Marley del libro Una canción de Navidad de Charles Dickens. Además de llevar grilletes, iba esposado y tenía puesto uno de esos cinturones a los que van atadas las esposas. Sólo podía arrastrar los pies a duras penas.

“Su aspecto me dio otro susto. Era un hombre joven, flaco, extraño, con el pelo negro y largo, pero lo que realmente me impactó fueron sus ojos. Nunca los olvidaré. Eran como los ojos del monstruo de la película Tiburón. No había pupilas, sólo puntos negros. Eran ojos malvados que recordé durante mucho tiempo después de la entrevista. Casi tuve la impresión de que no podía verme, que más bien miraba a través de mí, sin más. No mostró ninguna señal de agresividad, simplemente se sentó y se quedó pasivo. Tenía un vasito de plástico en las manos, algo de lo que no habló al principio. Como Chase ya había sido condenado y se encontraba en el Corredor de la Muerte, no me sentí obligado a empezar con el típico cortejo que empleaba en la primera entrevista con un asesino. Normalmente, tengo que esforzarme por demostrar al preso que soy digno de su confianza y que puede hablar conmigo. Chase y yo hablamos con bastante facilidad, considerando su estado mental. Reconoció haber cometido los asesinatos pero dijo que fue para preservar su propia vida. Me indicó que estaba preparando una apelación centrada en la idea de que se estaba muriendo y había asesinado para obtener la sangre que necesitaba para vivir. Lo que ponía en peligro su vida era el ‘envenenamiento de jabonera’. Cuando le dije que no conocía la naturaleza del envenenamiento de jabonera, me ilustró al respecto. Todo el mundo tiene una jabonera, dijo. Si levantas la pastilla de jabón y la parte de abajo está seca, estás bien. Pero si esa parte está pegajosa, significa que sufres de envenenamiento de jabonera. Le pregunté por los efectos del veneno y me contestó que convierte la sangre en polvo, lo pulveriza básicamente; la sangre entonces va consumiendo el cuerpo y su energía y reduce las habilidades de la persona.

Justo después de la Navidad de 1980, lo encontraron muerto en su celda en Vacaville. Había estado ahorrando muchas pastillas antidepresivas de las que recibía para controlar sus alucinaciones y convertirlo en un preso manejable, y se las había tomado todas de una vez. Algunos dijeron que era un suicidio; otros siguieron creyendo que había sido un accidente, que Richard Trenton Chase había ingerido todas las pastillas en un intento de acallar las voces que lo habían impulsado a matar y que lo atormentaron hasta el día de su muerte”.



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